Buenas noticias para los vecinos del barrio de Barracas, y también
para los defensores del patrimonio urbano: después de mucho penar
por la permanente falta de recursos, la recuperación definitiva
de la iglesia Santa Felicitas está camino de concretarse. La semana
última, la embajada de Alemania le entregó a la Secretaría de Cultura
del gobierno porteño los 80.000 euros necesarios para costear la
reparación de los techos y las paredes de este fabuloso edificio,
que actualmente sufre los achaques propios de la "edad".
Las filtraciones y la humedad han ido descascarando parte de la
magnífica pintura mural del interior. Pero, si los vientos electorales
no soplan a contramano, dentro de diez días un equipo de expertos
se trepará a los andamios para dar inicio a la etapa más importante
de la restauración, que comprende el salvamento de las vigas estructurales,
la desoxidación de las crestas y la limpieza de cornisas.
También retirarán correas y entablonados, que están deteriorados
como consecuencia de las lluvias y las larvas, y los reemplazarán
y tratarán con productos especiales para evitar la acción de los
insectos. Entre otras tareas, cambiarán las pizarras del techo por
otras que imitan la forma de una escama redonda, como eran las originales.
El próximo martes se firmará el Convenio Administrativo de Colaboración
Cultural entre la Secretaría de Cultura de la Ciudad y el Arzobispado
de Buenos Aires para acordar puntos esenciales de este proyecto,
tal vez, el más esperado por los vecinos del barrio. Para festejar,
ese día habrá un concierto de órgano gratuito (ver recuadro).
Pasión en Barracas
La iglesia de Santa Felicitas es la única que depende del gobierno
porteño. Emplazada frente a la plaza Colombia, sobre Isabel la Católica
y Pinzón, el templo encierra un gran valor artístico, aunque se
ha hecho más famoso por la trágica historia de amor que le dio origen
y que aún hoy alimenta las más insólitas leyendas.
Fue diseñado por el arquitecto Ernesto Bunge a pedido de la familia
Guerrero, que lo inauguró discretamente en 1876, cuatro años después
de que su hija Felicitas fue asesinada por un festejante despechado.
La joven había contraído matrimonio a los 16 años con don Martín
Alzaga, un hombre que la doblaba en edad y que la dejó viuda cuando
ella tenía 22.
Los libros de la época la recuerdan como a una mujer hermosa y
dueña de una envidiable lista de pretendientes, a cual más aristocrático
y acaudalado. Entre los candidatos que disputaban su mano estaba
Enrique Ocampo, hijo de una tradicional familia porteña. Pero apenas
el hombre se enteró de que la viuda había aceptado la oferta de
matrimonio del estanciero Samuel Sáenz Valiente, cayó preso de un
desequilibrio mental.
Según la historia, la tarde del 29 de enero de 1872, Felicitas
había ido de compras a la ciudad y a presenciar los festejos de
la inauguración de un puente sobre el río Salado, que entonces bañaba
las orillas de su estancia. Cuando regresó a su domicilio, Ocampo
la aguardaba sentado en el living y, tras una acalorada discusión,
el enamorado sacó un revolver y la mató.
El arquitecto Bunge se había formado en Berlín, y por ello levantó
un templo que da cuenta de las influencias en su formación.
De estilo gótico románico, la iglesia consta de una sola nave,
con crucero y cúpula, la decoración interior combina mármoles, estucos
y detalles pictóricos, con tres altares de mampostería policromada
y vitrales de origen francés que, casualmente, están también siendo
reparados y por nadie mejor que Félix Bunge, bisnieto del arquitecto
que ayudó a construir el templo que recuerda la vida de Felicitas
Guerrero.
Por Marina Gambier
De la Redacción de LA NACION
Detalles
Donación: con el aporte de la sede diplomática de Alemania,
se podrán reparar los techos y los muros, cuyo costo fue presupuestado
en 150.000 pesos. A cargo de la obra está la firma Dörfler, de una
familia que lleva tres siglos reparando cúpulas y techos de monumentos
históricos.
Duración: las obras comenzarán dentro de diez días y su
finalización está prevista para dentro de cinco meses. Luego de
esa etapa, se procederá a la restauración de la pintura mural original.
Estilo: es de estilo gótico románico y refleja las influencias
que recibió en su formación el arquitecto argentino Ernesto Bunge,
diplomado en Berlín.
Párroco: a cargo del templo Santa Felicitas está el padre
Dante Galeazzi, un verdadero guardián, capaz de limpiar los pisos,
sacarles lustre a las lámparas y a los bancos y, además, pagar de
su bolsillo arreglos importantes, sólo por el inmenso cariño que
tiene por esos muros antiguos.