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15
de marzo de 2005
Es muy común que las mujeres nos ocupemos del bien común
y todavía es aún más común que nuestra tarea
sea desconocida, hasta por nosotras mismas. El paradigma suele estar dado
por el rol de ama de casa. En el hogar nos ocupamos de todo, y nuestro
quehacer se advierte sólo cuando no lo hacemos. El trabajo invisible
suele ser una especialidad femenina que suscita ingratitudes por doquier.
Y no me refiero sólo a la ausencia de una pertinente retribución
económica, sino también a elementales gestos y palabras
de agradecimiento merecido.
La gratitud es una emoción básica que conviene promover,
simplemente, porque nos hace bien a todos y a todas. El reconocimiento
es bueno para quien lo siente y lo expresa, tanto como para quien lo recibe,
porque estimula, nos potencia y nos alegra. Desde esta perspectiva, que
excluye
la adulación y rescata la dignidad, celebramos la distinción
que se nos hizo entrega en el Colegio Nacional Buenos Aires.
Muy cerca de la fecha del Día internacional de la Mujer, la Subsecretaría
de Participación Ciudadana nos distingue por nuestra
labor comunitaria;
un gesto de gratitud que nos alienta y también agradecemos.
En la oportunidad, sólo se ha distinguido a tres mujeres por barrio
y todas, conjuntamente con nuestros séquitos, colmamos la capacidad
de la sala donde se llevó a cabo la ceremonia y también
la de los pasillos aledaños.
El espacioso y soberbio Colegio Nacional Buenos Aires ofrendó la
señorial nobleza de su arquitectura y la tradición hidalga
de sus claustros.
Por la bonhomía general, hemos sido distinguidas mujeres comunes,
es decir, homenajeadas por una forma de reconocimiento que augura ser
un bien común. Nada extraordinario, algo así como una de
las grandes pequeñeces
de la vida que pueden ayudarnos a crecer y a hacer más grata nuestra
existencia. Por nuestra parte, no hemos hecho nada fuera de lo común,
solamente aportamos nuestro granito de arena al bien común.
Trabajamos para nuestro bien y el de quienes nos rodean. ¡Aleluya,
porque recibimos y prodigamos gratitud!
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