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La magia en casa de Chela
     
29 de junio de 2006
 
                 

 


La palabra justa no la tenemos, pero la buscamos. ¿Cómo definir la reunión que disfrutamos en casa de una amiga que nos agasaja con todo?  ¡¿Un privilegio?!

Una anfitriona que brinda su casa, y prepara exquisiteces para acompañar el humeante chocolate, con que nos reconfortamos al iniciar este invierno porteño,
es… es algo que no tiene nombre!!! Sin embargo las nominaciones nos convocan. Hay derroche de comodidad, buen gusto y calidad para atendernos. Todo está
a la espera de nuestros designios y designaciones. Porque de signos se trata.

Venimos por la palabra y a jugar con el lenguaje. Un juego de palabras muy serio,
de gran rigurosidad y sin solemnidades, donde también el solsticio nos es propicio.

El sol está y nos alumbra. En este año, el padre ya tuvo su DÍA, el 18 de junio. Nunca nos detuvimos en esta coincidencia de fechas. Pero por estas pampas,
es probable que la fiesta del sol se filtrara en la celebración del DÍA DEL PADRE.
El solsticio de invierno siempre ha constituido la fiesta suprema de la humanidad.

Luz y sombra, silencio y sonido. La música y la inflexión de las palabras participan
del convite de la vida. Somos seres materiales. Tenemos rostros, cuerpos y vestimentas, pero la magia vital que nos anima transcurre en nuestro interior.
Así, nos vivenciamos en UNIDAD mediante la gracia del lenguaje. Es el idioma
que expresa y oculta, que nos lleva a culminar y a reiniciar, y nos conduce a
re-ligarnos con el universo. Las letras en juego hacen a nuestra religión.

Competentes y/o en competencia, nos comprometemos con todo nuestro ser.
Los números, también suman y restan en esta confrontación de nivel simbólico.
La atención se concentra, totalmente, en la evocación de palabras escuchadas, leidas o sugeridas. La letra y el lugar, adquieren dinamismo. Antes o después, es una u otra palabra, posible o imposible. Indagamos, encontramos e instalamos. Jugamos. Ganamos y perdemos, pero siempre usufructuamos, textualmente. La experiencia nutre esta mística comunitaria que nos domina y nos libera. Nos integramos al saber de la especie humana y a la creación de términos, en épocas remotas y lugares ignotos. Somos artífices de un arte inasible y accesible para todos. La pasión por el juego y la creación compartida son posibles.

La magia se da, se vive, y hoy nos hemos concitado con ella, en la casa de Chela para celebrar la vida, el solsticio y la amistad.

 

           

 
   
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