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La palabra justa no la tenemos, pero la buscamos. ¿Cómo
definir la reunión que disfrutamos en casa de una amiga que nos
agasaja con todo? ¡¿Un privilegio?!
Una anfitriona que brinda su casa, y prepara exquisiteces para acompañar
el humeante chocolate, con que nos reconfortamos al iniciar este invierno
porteño,
es… es algo que no tiene nombre!!! Sin embargo las nominaciones
nos convocan. Hay derroche de comodidad, buen gusto y calidad para atendernos.
Todo está
a la espera de nuestros designios y designaciones. Porque de signos
se trata.
Venimos por la palabra y a jugar con el lenguaje. Un juego de palabras
muy serio,
de gran rigurosidad y sin solemnidades, donde también el solsticio
nos es propicio.
El sol está y nos alumbra. En este año, el padre ya tuvo
su DÍA, el 18 de junio. Nunca nos detuvimos en esta coincidencia
de fechas. Pero por estas pampas,
es probable que la fiesta del sol se filtrara en la celebración
del DÍA DEL PADRE.
El solsticio de invierno siempre ha constituido la fiesta suprema de
la humanidad.
Luz y sombra, silencio y sonido. La música y la inflexión
de las palabras participan
del
convite de la vida. Somos seres materiales. Tenemos rostros, cuerpos
y vestimentas, pero la magia vital que nos anima transcurre en nuestro
interior.
Así, nos vivenciamos en UNIDAD mediante la gracia del lenguaje.
Es el idioma
que expresa y oculta, que nos lleva a culminar y a reiniciar, y nos
conduce a
re-ligarnos con el universo. Las letras en juego hacen a nuestra religión.
Competentes y/o en competencia, nos comprometemos con todo nuestro ser.
Los números, también suman y restan en esta confrontación
de nivel simbólico.
La atención se concentra, totalmente, en la evocación
de palabras escuchadas, leidas o sugeridas. La letra y el lugar, adquieren
dinamismo. Antes o después, es una u otra palabra, posible o
imposible. Indagamos, encontramos e instalamos. Jugamos. Ganamos y perdemos,
pero siempre usufructuamos, textualmente. La experiencia nutre esta
mística comunitaria que nos domina y nos libera. Nos integramos
al saber de la especie humana y a la creación de términos,
en épocas remotas y lugares ignotos. Somos artífices de
un arte inasible y accesible para todos. La pasión por el juego
y la creación compartida son posibles.
La magia se da, se vive, y hoy nos hemos concitado con ella, en la casa
de Chela para celebrar la vida, el solsticio y la amistad.
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