El propietario del actual Mercado Montserrat, proviene de una muy humilde familia oriunda de la Pcia. de
Entre Ríos que se trasladó al Gran Buenos Aires e hizo que él naciera en Avellaneda. Aún era un niño, de apenas 12 años de edad, cuando comenzó a trabajar en el reparto del mercado primigenio. Entonces, partía de su casa a la madrugada para subirse al triciclo a las 6 de la mañana y distribuir la mercadería hasta el mediodía. Era empleado de César Manzano y Francisco Bullon, mayoristas proveedores de rotiserías como La Central, ubicada en Lavalle y Esmeralda.
Hugo recuerda infinidad de anécdotas, lugares y personas. Evoca a Meyer y Zarahueta propietarios del mercado y dueños también del Parque Japonés de Retiro; Herrera, el Administrador, quien tuvo todo a su cargo hasta que uno de los dueños fallece y en el año 1977, el mercado es comprado por una compañía de seguros que desaloja la variada actividad productiva y mercantil de setenta puesteros. "El sol sale para todos", el puesto de carnicería que Hugo, a sus 20 años de edad, supo habilitar, debía cerrarse. Ante esta eventualidad, se asocia con un carnicero, dos verduleros, un frutero y un almacenero. Alquilan el local de enfrente, el mismo que ahora ocupa y en dónde continúa trabajando con sus propios hijos.
De alguna manera, el destino del Mercado Monserrat es revelador también de los avatares del barrio. Ignorado, negado y postergado puede recuperarse por la acción de quienes se reconocen en su tiempo y lugar de vida, con su experiencia y sentimientos involucrados en este espacio. Hugo Héctor Fernández es uno de los tantos exponentes anónimos de la cultura del esfuerzo y del trabajo que se adueñan de sí mismos, forjan su familia, crian sus hijos y se integran a la comunidad en que les toca vivir y desarrollarse. El liderazgo familiar que ejerce, probablemente se deba al ancestro luchador del abuelo inmigrante español unido a la arraigada estirpe nativa de su abuela. Esta fuerte conjunción de inicitiativa, tenacidad y sensibilidad ha logrado que sus hijos se sumen y acompañen. Algo semejante pareciera ocurrir en el barrio; nuevas generaciones parecen admitir, reconocer y compartir su legado.
|