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MONTSERRAT
 
www.aquimontserrat.com.ar
 
barrio de buenos aires
Argentina
  jueves 9 de diciembre de 2010  
   

Hoy, nuestro evento es uno de los tantos días habituales de la frecuente rutina familiar y doméstica.
La provisión de alimentos, protagonista básica de nuestra subsistencia humana, hace que - en la ciudad - el mercado de comestibles sea fundamental.

Casi frente a la mismísima Iglesia de Ntra. Sra. de Montserrat - en la intersección de Avda. Belgrano
y Salta - se radicó el que tomó su propio nombre y se estableció entre los primeros de la ciudad de Buenos Aires. Las letras que lo identifican todavía permanecen y dan testimonio, pero sólo podemos ver uno de los pocos vestigios que quedan del antigüo y original Mercado Monserrat. Es éste; el que ahora registramos con la cámara fotográfica y que resiste con una de sus fachadas sobre la calle Salta. En la actualidad, el primitivo predio lo ocupa una playa de estacionamiento de automóviles.
Todo cuanto fuera el otrora centro de abastecimiento de víveres, con sus tres pórticos históricos -dos sobre la Avenida Belgrano- quedó desterrado del paisaje barrial.

Sin embargo, su espíritu quedó preservado en el actual Mercado Monserrat que se erige sobre la acera de enfrente, en Salta 430. Aquí, Hugo Héctor Fernández rescató su propia fuente de trabajo, su experiencia y el nombre del barrio.
 
 
 










(para ampliar hacer clic sobre c/foto)
 
       

El propietario del actual Mercado Montserrat, proviene de una muy humilde familia oriunda de la Pcia. de Entre Ríos que se trasladó al Gran Buenos Aires e hizo que él naciera en Avellaneda. Aún era un niño, de apenas 12 años de edad, cuando comenzó a trabajar en el reparto del mercado primigenio. Entonces, partía de su casa a la madrugada para subirse al triciclo a las 6 de la mañana y distribuir la mercadería hasta el mediodía. Era empleado de César Manzano y Francisco Bullon, mayoristas proveedores de rotiserías como La Central, ubicada en Lavalle y Esmeralda.

Hugo recuerda infinidad de anécdotas, lugares y personas. Evoca a Meyer y Zarahueta propietarios del mercado y dueños también del Parque Japonés de Retiro; Herrera, el Administrador, quien tuvo todo a su cargo hasta que uno de los dueños fallece y en el año 1977, el mercado es comprado por una compañía de seguros que desaloja la variada actividad productiva y mercantil de setenta puesteros. "El sol sale para todos", el puesto de carnicería que Hugo, a sus 20 años de edad, supo habilitar, debía cerrarse. Ante esta eventualidad, se asocia con un carnicero, dos verduleros, un frutero y un almacenero. Alquilan el local de enfrente, el mismo que ahora ocupa y en dónde continúa trabajando con sus propios hijos.

De alguna manera, el destino del Mercado Monserrat es revelador también de los avatares del barrio. Ignorado, negado y postergado puede recuperarse por la acción de quienes se reconocen en su tiempo y lugar de vida, con su experiencia y sentimientos involucrados en este espacio. Hugo Héctor Fernández es uno de los tantos exponentes anónimos de la cultura del esfuerzo y del trabajo que se adueñan de sí mismos, forjan su familia, crian sus hijos y se integran a la comunidad en que les toca vivir y desarrollarse. El liderazgo familiar que ejerce, probablemente se deba al ancestro luchador del abuelo inmigrante español unido a la arraigada estirpe nativa de su abuela. Esta fuerte conjunción de inicitiativa, tenacidad y sensibilidad ha logrado que sus hijos se sumen y acompañen. Algo semejante pareciera ocurrir en el barrio; nuevas generaciones parecen admitir, reconocer y compartir su legado.