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¡Cuántas cosas cambiaron en 100 años! Ellos cambiaban sus ovejas por un único traje decente para llegar al nuevo mundo, y nosotros llegamos con valijas llenas, portátil, cámara de fotos.
La semana pasada, Marce —es su sobrenombre— vio la película Novomundo, emigrar después de un siglo, y apostada en Italia tomó la computadora y escribió sus impresiones en su blog Mar de Vientos, entonces llovieron los comentarios de los argentinos por el mundo.
En el 2002, Marce tomó dos valijas, un avión a Roma y no regresó más. Por eso piensa en sus viejos y compara: "Ellos necesitaban semanas para llegar a un puerto y más de un mes para atravesar el Atlántico; nosotros nos quejamos con un vuelo de 14 horas. Ellos no sabían escribir y entonces el abrazo de despedida era un hasta siempre; y nosotros tenemos a los pies innumerables medios de comunicación".
"Pienso en mi abuelo que nunca más volvió a ver a su familia. Veíamos una peli o algo lo hacía recordar a España y se le salía una lágrima. Era un roble y empezó bien de cero", detalla "JP", orgulloso.
"Emigrar es difícil no importa la velocidad ni los medios. Sigue significando lo mismo: abandonar tu tierra, tu gente, tus tradiciones, tus costumbres. No porque ya todo se hace más rápido el concepto de 'emigrar' cambia, es pesado igual", suelta "DNA", contundente. Y sí, la tecnología no tiene piel para sentir las caricias.
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Destierros
Silvina Heguy
sheguy@clarin.com
Los antiguos griegos preferían la muerte antes que
el destierro. Irse siempre es difícil, aunque las causas para la
despedida sean prometedoras. Hay algo de aquella vieja idea en muchas de
las frases de los que están afuera y que se refugian en la Web para
contar su experiencia. Siempre hay algo para extrañar. Internet funciona
como una especie de espejismo: un chat acorta las distancias, hace sentir
cerca lo que está lejos. Los dedos sobre el teclado permiten responder
con rapidez a los guiños de los códigos compartidos durante
la infancia y la adolescencia. Pero, por ahora, la inmediatez de la tecnología
no hace que los olores, los sabores, los ruidos, las pieles o los barrios
se sientan como en casa.