Mármoles, bronces, finísimas maderas, herrería primorosa
y cristales, con un derroche de recubrimientos y tallados
propios de la España de principios del siglo XX, época de
despliegues y desbordes arquitectónicos donde la antigua
tradición hispánica con influencias múltiples, la de raíz
musulmana y la del modernismo catalán dio magníficas obras.
Así
se levantó en cuatro años y se inauguró en 1911
el hermoso palacio sede del Club Español de Buenos Aires, en
Montserrat, de cara a la avenida 9 de Julio que le da valor y
perspectiva.
Hoy,
el salón de la Alhambra y el Imperial entre otros,
más la terraza y una cúpula rematada con la figura de la
victoria alada brindan soberbio escenario para banquetes y
conciertos con espacios muy amplios para centenares de
asistentes.
“Festejos no
faltan –comenta Francisco López y Diez
secretario general de la entidad- el de la Raza, del
aniversario, las celebraciones patrióticas y como ahora
el
almuerzo de fin de año exclusivo para socios, con música,
brindis y danzas.”
López y Díez
destaca además que los salones del Club
están abiertos para múltiples celebraciones al público
en
general por eso funciona además un restaurante, ya de largo
prestigio, donde se degustan arroces, mariscos y cochinillos
a la manera española.
En otro aspecto, el club mantiene
relaciones con
entidades civiles independientes que completan las
actividades sociales. Entre otras, El Hospital Español
y el
Club Social y Deportivo, de Floresta.
“Nuestra entidad en la más antigua de la colectividad
española en todo el mundo y en setiembre hemos cumplido
155 años de actividad continuada”.
Es habitual que el transeúnte
desprevenido se detenga
en la vereda para admirar la soberbia fachada del Español
y
sin música ni ajetreos fastuosos pero con murmullos de
admiración, grupos de turistas, a pedido del área
de Cultura
de la Ciudad, visitan el club.
“Yo mismo me encargo del recorrido muchas veces
–comenta Díaz y Diez- y lo hago con placer y con
orgullo”.
Y agrega enseguida:
“La
semana pasada dos estudiosos
españoles buscaron información en nuestra biblioteca,
una
colección de 15.000 volúmenes que abarca incunables
de los
siglos XVI y XVII.”