Como
febrero es el mes del carnaval,
El Viajero no puede menos que asociar esta festividad pagana con las máscaras,
aunque sabe, por cierto, que las máscaras existen antes y están más difundidas
que el propio carnaval.
Es sabido que el origen de las máscaras, también llamadas caretas, viene de
muy antiguo y su origen se pierde en la niebla de los siglos.
Los estudiosos creen que tuvo un uso religioso pues aparecen vinculadas a
ceremonias de fertilidad o para ahuyentar los males. Y si
diversos fueron sus usos, qué decir de la variedad de materiales con las que
se confeccionan: madera, paja, corteza, hojas de maíz, tela,
piel, cráneos, cartón, piedra y papel maché. Y en los últimos años, látex,
plásticos y otros materiales. En Egipto los muertos eran
enterrados con unas máscaras que reproducían exactamente las facciones del difunto. Se elaboraban con un cartón realizado con lienzo o
papiro, revestido con estuco. Algo parecido
usaban los fenicios.
El Viajero sabe que en Occidente tuvieron particular influencia las máscaras
griegas usadas en las tragedias. Curiosamente, como sabe El
Viajero, en griego antiguo, máscara se decía "persona" (que viene a su vez
de personae, que significa "resonar", pues una de las
funciones de la máscara era que resonara la voz del actor). Pero también se
la llamaba "hipócritas" o "hypokritas", de donde viene,
imagina El Viajero la expresión "ser careta".
Las culturas posteriores incorporaron las máscaras como artificios para realizar
escenas burlescas de los ritos sagrados; más tarde
aparecieron las caretas como
vehículo de fantasía, la imaginación y la creatividad. Desde las enormes piezas
de tipo ritual que se usan en
Oceanía (las de los Papúes llegan
a medir seis metros de alto), hasta las diminutas, como las de las mujeres
esquimales, en todas
aparecen seres o espíritus benignos y malignos.
Que la máscara excede y trasciende al carnaval lo prueban la existencia de
varios museos en el mundo dedicados exclusivamente al tema,
como el Museo de las Máscaras Mediterráneas en Mamoiada, Italia, o el gran
Museo Ibérico de la Máscara y del Traje de Bragança
(Portugal), que reúne la rica tradición de la península. Sin embargo El Viajero
no puede dejar de reconocer que el Museo Internacional
del Carnaval y de la Máscara, sí vincula ambos temas. Está ubicado en Binche,
una pequeña ciudad medieval de Bélgica, donde cada año
se celebra uno de los carnavales más antiguos y refinados de Europa; tanto
que la Unesco lo ha distinguido como "Obra Maestra oral e
inmaterial de la humanidad".
Asia y Oceanía también tienen sus museos, como un virtual museo callejero,
en Ambalangoda, en Sri Lanka. Un lugar de playas
increíbles, pero famoso, sobre todo, por sus máscaras.
En América, las máscaras tienen una larguísima tradición no vinculada en nada
a la tradición europea. Se las usaba, y se las usa aún, en
funciones rituales, sociales y religiosas.
Quienes las usan representan figuras espirituales o legendarias. En algunas
culturas creen que la máscara les permitirá tomar las
cualidades que representa. En ese sentido el Museo de las Máscaras Ceremoniales,
de Chichicastenango, en El Quiché, en el corazón de
Guatemala, es para el asombro. Allí aún se fabrican, como hace más de un siglo,
máscaras de madera que se utilizan en danzas
tradicionales.
Pero, sin duda, el paraíso de los museos de máscaras es México. Casi todas
las ciudades mexicanas tienen un festival donde se combinan
las tradiciones cristiana e indígena. Estos festivales incluyen en su mayoría
desfiles y teatro callejero donde se cuentan historias casi
siempre interpretadas con máscaras y trajes. Y si bien Ciudad de México y
Morelia tienen sus museos, sobresale sin duda el Museo
Nacional de la Máscara de San Luis de Potosí. Establecido en un viejo edificio
del siglo XIX, este museo está considerado entre los
mejores del país por la rareza y cantidad de su colección, que se compone
de cerca de un millar de máscaras procedentes de casi todos
los rincones de México. El Viajero Ilustrado sabe que no son menores las festividades
enmascaradas de Jauja, y la de la Virgen de la
Candelaria, ambas en Perú.
En el bello Puerto Rico o en las Antillas; en la claridad de Santo Domingo
o en las mágicas calles de Thimbu, en el lejano reino de Bután;
en cualquier lugar, El Viajero sabe que hay una sorprendente máscara que mira
y subyuga. Una máscara que espera.
http://es.wikipedia.org/wiki/Antifaz
http://www.moca.gov.do/Moca/ciudadano
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2008/02/17/v-01608985.htm