Nota publicada el domingo 17 de febrero de 2008 en Clarín.com:


17.02.2008 | Clarín.com | Viajes



EL VIAJERO ILUSTRADO
Las máscaras






Iconos del carnaval y del teatro, estuvieron presentes en casi todas las culturas y tuvieron usos muy diversos.







Como febrero es el mes del carnaval,

El Viajero no puede menos que asociar esta festividad pagana con las máscaras,

aunque sabe, por cierto, que las máscaras existen antes y están más difundidas que el propio carnaval.


Es sabido que el origen de las máscaras, también llamadas caretas, viene de muy antiguo y su origen se pierde en la niebla de los siglos.

Los estudiosos creen que tuvo un uso religioso pues aparecen vinculadas a ceremonias de fertilidad o para ahuyentar los males. Y si

diversos fueron sus usos, qué decir de la variedad de materiales con las que se confeccionan: madera, paja, corteza, hojas de maíz, tela,

piel, cráneos, cartón, piedra y papel maché. Y en los últimos años, látex, plásticos y otros materiales. En Egipto los muertos eran

enterrados con unas máscaras que reproducían exactamente las facciones del difunto. Se elaboraban con un cartón realizado con lienzo o

papiro, revestido con estuco. Algo parecido usaban los fenicios.


El Viajero sabe que en Occidente tuvieron particular influencia las máscaras griegas usadas en las tragedias. Curiosamente, como sabe El

Viajero, en griego antiguo, máscara se decía "persona" (que viene a su vez de personae, que significa "resonar", pues una de las

funciones de la máscara era que resonara la voz del actor). Pero también se la llamaba "hipócritas" o "hypokritas", de donde viene,

imagina El Viajero la expresión "ser careta".


Las culturas posteriores incorporaron las máscaras como artificios para realizar escenas burlescas de los ritos sagrados; más tarde

aparecieron las caretas como vehículo de fantasía, la imaginación y la creatividad. Desde las enormes piezas de tipo ritual que se usan en

Oceanía (las de los Papúes llegan a medir seis metros de alto), hasta las diminutas, como las de las mujeres esquimales, en todas

aparecen seres o espíritus benignos y malignos.


Que la máscara excede y trasciende al carnaval lo prueban la existencia de varios museos en el mundo dedicados exclusivamente al tema,

como el Museo de las Máscaras Mediterráneas en Mamoiada, Italia, o el gran Museo Ibérico de la Máscara y del Traje de Bragança

(Portugal), que reúne la rica tradición de la península. Sin embargo El Viajero no puede dejar de reconocer que el Museo Internacional

del Carnaval y de la Máscara, sí vincula ambos temas. Está ubicado en Binche, una pequeña ciudad medieval de Bélgica, donde cada año

se celebra uno de los carnavales más antiguos y refinados de Europa; tanto que la Unesco lo ha distinguido como "Obra Maestra oral e

inmaterial de la humanidad".


Asia y Oceanía también tienen sus museos, como un virtual museo callejero, en Ambalangoda, en Sri Lanka. Un lugar de playas

increíbles, pero famoso, sobre todo, por sus máscaras.


En América, las máscaras tienen una larguísima tradición no vinculada en nada a la tradición europea. Se las usaba, y se las usa aún, en

funciones rituales, sociales y religiosas.


Quienes las usan representan figuras espirituales o legendarias. En algunas culturas creen que la máscara les permitirá tomar las

cualidades que representa. En ese sentido el Museo de las Máscaras Ceremoniales, de Chichicastenango, en El Quiché, en el corazón de

Guatemala, es para el asombro. Allí aún se fabrican, como hace más de un siglo, máscaras de madera que se utilizan en danzas

tradicionales.


Pero, sin duda, el paraíso de los museos de máscaras es México. Casi todas las ciudades mexicanas tienen un festival donde se combinan

las tradiciones cristiana e indígena. Estos festivales incluyen en su mayoría desfiles y teatro callejero donde se cuentan historias casi

siempre interpretadas con máscaras y trajes. Y si bien Ciudad de México y Morelia tienen sus museos, sobresale sin duda el Museo

Nacional de la Máscara de San Luis de Potosí. Establecido en un viejo edificio del siglo XIX, este museo está considerado entre los

mejores del país por la rareza y cantidad de su colección, que se compone de cerca de un millar de máscaras procedentes de casi todos

los rincones de México. El Viajero Ilustrado sabe que no son menores las festividades enmascaradas de Jauja, y la de la Virgen de la

Candelaria, ambas en Perú.


En el bello Puerto Rico o en las Antillas; en la claridad de Santo Domingo o en las mágicas calles de Thimbu, en el lejano reino de Bután;

en cualquier lugar, El Viajero sabe que hay una sorprendente máscara que mira y subyuga. Una máscara que espera.



http://es.wikipedia.org/wiki/Antifaz

http://www.moca.gov.do/Moca/ciudadano







http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2008/02/17/v-01608985.htm









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