DOMINGO 27 de Enero de 2008 -

Rigurosamente incierto
Saberes del bien y del mal

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Filósofos y eminencias científicas de América y Europa se han puesto de acuerdo y suscriben la hipótesis de que ciertas buenas conductas humanas vienen de cuna, no tienen origen cultural, no son dictadas por el sano juicio ni por los usos y las costumbres, sino que están impresas en los genes, son parte de la biología y de la herencia recibida.

"Los ajustados procederes de la moralidad convencional, sea pública o privada, no son consecuencia del cotidiano ejercicio de convivir civilizadamente, sino que constituyen procesos ya impresos en la mente humana más primitiva y fortalecidos a travé s de la evolución", opina el psicólogo Jonathan Haidt, catedrático de la Universidad de Virginia, en declaraciones hechas a The New York Times .

Para decirlo con otras palabras, "uno viene al mundo ya programado genéticamente, con ideas claras, preconcebidas, de lo que está bien y, por contraposición, de lo que está mal", coincide el biólogo alemán Richard Spielman, para quien la buena conciencia es innata, aun cuando se perfecciona mientras uno va por la vida de la mano del razonar y la experiencia.

"A ver, ¿qué embrollo están proponiendo esos señores? Digo yo, ¿no tienen otra cosa que hacer?", acaba de amoscarse Proboscidio Peribáñez, psicólogo peripatético y licenciado en ciencias infusas, decididamente opuesto a la creencia de que todo niñito, aun cuando todavía no haya aprendido a controlar sus esfínteres, maneja ciertos códigos de moralidad.

"Más bien -considera-, los científicos y filósofos que echaron a rodar semejante falacia están tratando de sembrar cizaña, de hacer creer al resto del mundo que miles y quizá millones de argentinos constituimos una exótica variedad de seres humanos. Intentan humillarnos, acaso porque muchísimos compatriotas son dañinos, proclives al vandalismo, expertos en destrozar bienes ajenos o comunitarios, sobre todo, en el transcurso de las cotidianas marchas piqueteras, que suelen cumplirse con total menosprecio de los derechos del prójimo."

Naturalmente, quienes así vulneran el civilizado convivir revelarían absoluta carencia de esos genes, que garantizan el comportamiento moral y temperado y que, activamente, contribuyen a recluir la conducta gaznápira y/o perversa en los calabozos de la mente.

"¿Por qué no se van a freír churros esos filósofos y científicos? ¿Acaso pretenden que en la escala evolutiva hay argentinos pertenecientes a una hipotética categoría, la del homo no del todo sapiens?", inquiere Peribáñez, mientras revuelve un tacho de pintura con el que , en acto de protesta por alguna cosa, el lunes irá a enchastrar la Pirámide de Mayo.


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