aquí
MONTSERRAT
www.aquimontserrat.com.ar
barrio de buenos aires
Argentina
 
 

 
 
EDITORIAL
 
Luz, color y Montserrat
 
 

Por la Lic. Rosa Galzerano
Responsable
de la publicación gráfica
aquí Montserrat
y de la presente
página
del barrio.



Con la puesta en valor del casco histórico, los espacios de Montserrat se regeneran.
Las calles, las casas y las luces presentan la historia que los habita.
Incipiente en sus comienzos, la recuperación se acelera.
Hoy, el barrio se ilumina; se restauran deterioros, rupturas, olvidos y abandonos.
No ha sido fácil, y ni siquiera tampoco ahora lo es, pero en la actualidad,
rige una atención generalizada, que suma voluntades para el cuidado,
la preservación, el mantenimiento y la posibilidad de crecimiento comunitario.

Nos consta que Montserrat ha sido un barrio olvidado.
Coincidimos con Norberto García Rozada, por cuanto su libro
-editado en el año 1990- se ha convertido en testimonio e
inflexión de un olvido colectivo.
Recapacitar y recordar lleva a recuperar. A la vista ya están
las reparaciones y los innumerables reciclados efectuados.
Obras privadas y conjuntas se han efectivizado, a la vez que aún,
en este momento, se movilizan inquietudes, entusiasmos,
realidades y proyectos mientras se atiende a la arqueología de la ciudad,
a su arquitectura e infraestructura.
La albañilería, ornamentación y pintura están a la orden del día por aquí.
Aunque si bien, el brillo es parcial, y hay sectores por donde emergen
heridas que sangran todavía, es bien cierto que
la reconversión del barrio Montserrat es un hecho incontrastable.

El trabajo que se efectúa, esforzado, lento y cotidiano,
expresa profundas remociones de estructuras -tangibles e intangibles-
que favorecen variados y valiosos rescates.
Autoridades gubernamentales, habitantes y visitantes
trabajamos en esta tarea que es beneficiosa para todos.
La reconsideración del espacio físico del barrio se realiza
porque la convicción de su valor se ha afianzado en nosotros.

El entorno, conforma y expresa nuestro existir en la ciudad,
en el país y en el mundo. Universal y actualmente, hay una tendencia a
revisar estereotipos, que -aunque produce tensiones y desequilibrios-
conduce a nuevos ordenamientos que todos necesitamos asimilar.
El barrio Montserrat también está inmerso en estos cambios
que nos conmueven y proporcionan distintas perspectivas de vida.

Confraternizar con nuestros semejantes es el gran desafío.

Siempre, la templanza y la fraternidad han sido difíciles de asumir.
La religión, el arte, la ciencia e infinidad de disciplinas han hecho aportes
continuamente, para contribuir a la humana convivencia armónica .

Desde Montserrat -en este diciembre de 2005 que iniciamos-
celebramos los esfuerzos y la nueva realidad del barrio recobrado,
y nos congratulamos por esta gran diversidad en la que nos integramos.


Muy buenos augurios y muy felices fiestas para todos.

 
 
   
 
 
   
   
 
 
 
   
  El tango, cosa de negros ver...  
       
         
         

     
     
     
Montserrat y la ciudad de Buenos Aires
 

 
 
EDITORIAL


Por el Lic. Roberto
E. Heymann
Presidente de la Asociación
de Fomento Montserrat


 
UN IMPERATIVO CONSTITUCIONAL: LA LEY DE COMUNAS
 
 
Luego de una larga negociación política, la Legislatura de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires sancionó la Ley de Comunas.

Esta descentralización política y administrativa de la ciudad,
se produce después de años de demora, ya que la Constitución había previsto
que el órgano colegiado de siete miembros que deben ejercer
sus gobiernos, debieron haber sido elegidos antes de octubre del 2001
entre ciudadanos domiciliados en cada comuna.

Pero, finalmente, la Ley fue sancionada
y nuestra querida capital federal quedó dividida en quince comunas que,
entre sí, presentan un equilibrio demográfico .

El criterio, para agrupar los barrios en cada una de ellas,
tuvo en cuenta las características comunes de los mismos.
Montserrat junto con Retiro, San Nicolás, San Telmo, Constitución
y Puerto Madero conforman una unidad de gestión (comuna) cuyo nombre
será el que resulte de una consulta popular y de
su posterior aprobación por la Legislatura.

Seguramente, comenzarán a funcionar en el año 2007 con
un período de transición que no deberá superar el 31 de diciembre de 2006.
Mientras, se ha previsto un mecanismo de transición de los actuales
Centros de Gestión y Participación a las comunas, con la participación
de representantes de las organizaciones vecinales.

Las comunas tendrán como competencias exclusivas:
los trabajos de mantenimiento urbano de las vías secundarias
y otras de menor jerarquía. El mantenimiento de los espacios verdes,
la elaboración participativa de su programa de acción,
de su anteproyecto de presupuesto anual,
y la administración de su patrimonio.

Sus competencias concurrentes serán: planificar, prestar y controlar servicios.
Fiscalizar y ejercer el poder de policía, con cuerpo de inspectores propio,
e instrumentar un adecuado sistema para la mediación comunitaria.

Pero, sin duda el gran cambio es que al ser un instrumento de participación,
se convierte en un mecanismo de control ciudadano de la gestión,
y por ende, en un mecanismo de transparencia.

 
   
   
   
   
       

A continuación, el mapa publicado -el viernes 2 de septiembre de 2005- por el diario
Clarín.

Volver al editorial actual
         
         
         
EDITORIAL
Montserrat y la arqueología de la ciudad
 
 

Arq. Daniel Schávelzon
Investigador del Conicet
a cargo del programa de
Arqueología Urbana
de
la Dirección General
de Patrimonio
de la Secretaría
de Cultura del
Gobierno de la Ciudad.
Dirige el Centro
de Arqueología Urbana
del Instituto
Americano de Arte
(FADU-UBA).

Sus trabajos en
arqueología urbana y
conservación del
patrimonio cultural
han merecido importantes
premios internacionales.
     
 

ALGUNOS ASPECTOS DE LA CULTURA AFROPORTEÑA

Fragmentos textuales del libro BUENOS AIRES NEGRA de Daniel Schávelzon

 

Lo que aquí nos importa ahora es asumir que la postura paternalista de que la
cultura afro no fue más que un conjunto de curiosidades, “cosas de negros” o resabios de algo perdido ya no puede ser sostenida. Y quizá el ejemplo de los bailes comunitarios sea válido para analizar en este contexto, ya que hemos dicho que el candombe fue perseguido, criticado y hasta prohibido de mil maneras y pese a eso
la generación de la independencia tuvo que aceptar que era imposible pararlo; es
más, autorizó que funcionaran las naciones, de lo cual hablaremos más adelante. En realidad lo que hizo fue contenerlo, ponerles límites y espacios específicos para ello.

La música y el baile tuvieron en los pueblos africanos un papel cultural difícil de
ser evaluado desde nuestra propia cultura, que ha minusvalorado esas acciones culturales. Llamaba la atención a quienes los vieron el que se cantaba hasta en
las peores situaciones de trabajo agotador y se bailaba cada vez que se podía; Lanuza lo dice a partir de una descripción hecha por Sarmiento en 1846: “ aquella bestia humana de dos pies, lejos de gemir bajo el peso, canta para animarse”. En 1788, cuando el Cabildo trató de parar la oleada de candombe que cubría la ciudad
de noche, se basó en que eso estaba “ en contravención de las leyes humanas y divinas”, ya que eran “ unos verdaderos lupanares donde la concupiscencia tiene primer lugar” con movimientos indecentes, obscenos y términos similares para el canto, “ que es un aullido”. Para la mentalidad puritana de la época, lo único que veían eran gentes que hacían movimientos para ellos impensables y cantaban en idiomas incomprensibles; el mismo documento dice que estos bailes producían "escándalo y mal ejemplo que se da a todos los concurrentes, principalmente a
las niñas y gentes inocentes, porque abriendo los ojos y entrando la malicia en
ellos se anticipan a aprender lo que por modo alguno debían saber”.
Con el tiempo
los bailes tuvieron que permitirse, e incluso las mujeres blancas se divertían bastante al concurrir a ellos, al menos por las descripciones que quedaron, y no
les preocupó mucho el que les entrara por los ojos la malicia. Creo que en realidad lo que más les molestaba era que simples esclavos, “ fardos de huesos con alma en boca”, tal
como lo describían los documentos, se expresaran sin que nadie entendiera qué estaban diciendo: ¿ y si hablaban mal del amo?

Posiblemente estos bailes no serían iguales a los de África, se deben de haber
cruzado diferentes tradiciones y debieron de cambiar música, letra y ceremonia a
lo largo del tiempo y la mezcla de diferentes pueblos africanos, o al adaptarse a la realidad local perdiendo el idioma original. Incluso existiría la posibilidad de que los bailes públicos fueran diferentes a los cerrados: cuando el virrey Vértiz los quiso prohibir en 1770 hizo un bando que decía: “ Que se prohíban los bailes indecentes
que al toque del tambor acostumbran los negros; si bien podrán bailar en aquellas danzas de que usan en la fiesta que celebran en esta ciudad así mismo se prohíben las juntas que estos mulatos, indios y mestizos tienen para los juegos que ejercitan en los huecos, bajo del río y extramuros”
bajo pena de 200 azotes. Este autor ha destacado precisamente esta faceta no clara en la bibliografía de que los candombes abiertos eran distintos de los privados, no teniendo estos últimos el carácter religioso de los primeros. La memoria colectiva seguía viva y así lo expresaban. Los amos renegaban constantemente: “ los negros entregados a estas pervertidas ceremonias no servían a sus amos con fidelidad y se pasaban el día inquietos esperando que llegara el baile”, según decía el documento citado del Cabildo de 1788.
 
   
( páginas 72 y 73)

 

   
         
             
Tapa e imagen de contratapa del libro editado por Emecé Editores - 2003
Avda. Independencia 1668 - Buenos Aires - Argentina
www.editorialplaneta.com.ar
 
 
             
  -----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------  
   
Los barrios del Tambor


En muchas oportunidades hemos leído que los habitantes afros se agrupaban en
sus viviendas de libertos, sus sitios de trabajo y sede de naciones en lo que la
gente llamaba barrios del Tambor, en especial después de la década de 1810.
¿Cómo eran esos barrios?, ¿dónde quedaban?, ¿eran iguales a los demás?,
¿formaban parte de otros más grandes? Son todas preguntas para las que apenas
podemos bosquejar respuestas. Muchos autores usan simples referencias genéricas:
El barrio donde dominaba la población africana se llamaba barrio del Tambor,
porque era el instrumento favorito de sus candombes, música monótona y bailes
enteramente africanos”
, Wilde dice que residían en los suburbios y en determinados
barrios en donde “no se veían sino familias de negros”. Pero este tipo de citas no
describen mucho, ni tan siquiera si era un solo barrio o varios, o enclaves dentro
de otros barrios. Para algunos el barrio más denso estaba dentro de Montserrat,
donde se preferían las calles México y Chile desde Perú hacia el río, zona que se
inundaba por el Tercero del Sur. Rossi lo definía como “unas veinte manzanas
comprendidas en la jurisdicción de las parroquias de San Telmo, Concepción,
Santa Lucía y Montserrat, haciendo marco al bajo del Riachuelo, la no menos
famosa Boca, la Génova porteña, cuyos habitantes vivían en continuas
escaramuzas con sus vecinos del Mondongo por odio al color”
. Allí se asentaban,
entre las más conocidas, las naciones Cabunda ( Chile y Perú ), Benguela
( México 1272, de la vieja numeración), Moros (sobre Chile), Rubolo, Congo
y Angola ( todas sobre Independencia) y Minas y Mozambique(sobre México),
todas ellas establecidas allí entre 1823 y 1827; las había por cierto desde mucho
antes y otras se asentaron después. La fotografía de uno de estos edificios fue
publicada por Ortiz Oderigo como ubicada en México 1265 y atribuida al Candombe
de Grigera, y que habría estado allí funcionando durante 78 años. Lo que se ve es
una sala al frente sin decoración, salvo puertas y ventanas en el típico estilo de
inicios del siglo XIX, aunque ya alterada con un piso superior. Algunos textos
usaron el término despectivo del Mondongo para designar esta zona de la ciudad;
pero parece que algunas casas no eran ni tan pobres ni tan sucias. En 1802 se
hizo el inventario de “un sitio de tango” que tenía anexo un plantío de cincuenta
árboles frutales sobre un terreno de 1200 varas cuadradas en el barrio de
Concepción. En 1791 un recorrido por ese mismo barrio le había permitido al
virrey Arredondo descubrir varias casas particulares que eran usadas para tango
o sitios de reunión, en ese entonces perseguidos y prohibidos.


 
     
     
(Págs 91 y 92)
     
   
ir a editorial actual...
   
 
   
EDITORIAL
Montserrat, donde todos participamos
 












Por la Lic. Rosa Galzerano
Responsable
de la publicación gráfica
aquí Montserrat
y de la presente
página
del barrio.


En tanto participar quiere decir estar y ser parte, es obvio que nadie puede abstenerse de hacerlo en el lugar donde se encuentra.

Vivir equivale a compartir tiempo y espacio en el mundo. Ahora bien, la manera
en que concretamos esa participación depende tanto de nosotros como de las circunstancias en las cuales existimos. Hay innumerables factores que escapan
a nuestra decisión y/ o elección, pero somos responsables por lo que hacemos
con las contingencias que afrontamos.

Podemos participar con indiferencia, distrayéndonos constantemente y sin
asumir responsabilidades, o bien ser partícipes atentos y responsables.
La responsabilidad implica una difícil carga que, casi siempre, queremos abandonar.
Con suma facilidad la sepultamos distraídamente en nuestro interior y hasta, con demasiada frecuencia, tratamos de deslizársela a quienes tenemos al lado. En el mejor de los casos, la irresponsabilidad produce rupturas y litigios, mientras que
en las peores adversidades, los resultados llegan a ser catastróficos.

Responsabilidad significa responder con habilidad, y todos, en mayor o menor medida, somos hábiles en algún área específica. En nosotros está ser :

- Hábil para eludir situaciones problemáticas y de conflicto. Semejantes al avestruz, podemos descabezarnos y mostrarnos ciegos, sordos y mudos para evitar complicaciones.

- Hábil para echar culpas a otras u otros, con quejas y protestas constantes a quienes siempre recurrimos para que asuman las realizaciones que correspondería
que hiciésemos nosotros. Es decir, que dejamos hacer para luego poder criticar.

- Hábil para reponernos de los impactos que nos perjudican, asumir riesgos e instrumentar recursos para revertir, amortiguar daños y, si es posible, transformar
en beneficios los perjuicios afrontados.

Aunque la elusión, a veces, puede ser momentánea y estratégica, en términos generales, la RESPONSABILIDAD se identifica con la tercera y última modalidad.
Diríamos que las dos previas suelen ser expresiones de nuestro ser humanos. Probablemente, y como seres falibles que somos, en demasiadas oportunidades optamos por eludir, antes que por resolver problemas. Así, en ocasiones, personas
muy responsables,
también llegan a proceder cómodamente, al decidir por lo fácil
y prescindir de lo conveniente. Las consecuencias suelen recriminar esa pereza.

Siempre, y para todos, es bueno obrar con responsabilidad. Siempre es bueno esforzarnos en encontrar una solución a los problemas que se nos presentan, y
el entrenamiento es imprescindible. Los entrenamientos son tareas arduas, pero
nos deparan satisfacciones. Actualmente, el programa del Presupuesto Participativo instrumentado por el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires constituye un espacio propicio para que todos, absolutamente todos, sin distinción de banderías de ninguna índole, nos encontremos para dialogar, plantear problemas y buscar soluciones a las dificultades de nuestra diaria convivencia ciudadana.

Acercarnos, reunirnos y elaborar juntos ya es una manera de mejorar nuestra realidad colectiva. Hasta individualmente, todos obtenemos beneficios, más allá
de si solucionamos, o no, algunos de los muchos inconvenientes que nos aquejan. Quedarnos sólo con la queja y la protesta, significa afincarnos en la lástima y la conmiseración improductiva que promueven la desidia y el abandono. En este momento, y por nuestro intermedio, el Centro de Gestión y Participación Nº1,
al cual pertenece el barrio Montserrat, convoca y nos invita a integrarnos.
A continuación, el domicilio y demás datos que facilitarán la comunicación:
Uruguay 740 2ºPiso Tel. 4373-6774 / ppcgp1@buenosaires.gov.ar

Porque todavía vivimos, todavía pensamos, todavía podemos hacernos bien.

 
       
 
 

 

- Nadie quiere ser el primero en cumplir la ley ver...
 
- El mal de la desconfianza mutua ver...
 
- LENA HJELM-WALLEN, EX VICEPREMIER SUECA ver...

 
 
Sendra en Clarín
10 de mayo de 2005


 
   
 
ir a editorial actual...
   
   
EDITORIAL
Montserrat y nuestra identidad
 












Por el
Lic. Roberto E. Heymann
Presidente de la Asociación
de Fomento Montserrat





En este momento, afortunadamente, nuestro querido Barrio de Montserrat
es el destinatario de un sin número de obras que representan valores urbanos. Durante años, el área permaneció relegada, mientras que ahora podemos alegrarnos por las realizaciones edilicias que se están llevando a cabo.

Las tareas son significativas, y aunque no colman los anhelos de los vecinos, implican atención, dedicación y cuidados sin precedentes. En nuestra condición
de trabajadores e integrantes del barrio, apoyamos las iniciativas comunales y,
en la medida de nuestras posibilidades, ayudamos para que las acciones continúen, se complementen y extiendan a todas las órbitas convenientes.

Las actuales construcciones en la zona, diseños y reciclados, contribuyen a nuestro bienestar. El disfrute estético y funcional del espacio circundante es
un bien que apreciamos. Sabemos que incide, favorablemente, en la salud y
el rendimiento de nuestro trabajo humano. Pero, no se nos escapa que
las obras materiales sólo coadyuvan a la IDENTIDAD BARRIAL. Son factores
que se agregan, suman, nos reclaman e integran, pero de ningún modo podemos permanecer al margen. Somos protagonistas, porque el barrio, en esencia, lo constituimos nosotros con nuestra interacción humana cotidiana.

A diario, lo construimos con las sensaciones que determinan nuestros cinco sentidos y nuestras vísceras. Con los sentimientos que generan nuestras simpatías, amores, rencores, mezquindades y abnegación sin medida. Con la integración de nuestros ancestros; los telúricos y los de allende los mares.
Con nuestra historia común y personal, y con la geografía real y supuesta.
En fin, el barrio lo configuramos con la serie de cualidades que NOSOTROS conjugamos en conjunto con cuanto nos rodea.

Y éste es el quid de la cuestión que hoy me preocupa y por el cual quiero convocar al vecindario. La construcción y reconstrucción interior a la cual
nos debemos, es sin duda, nuestra propia subjetividad, que hace a nuestra identidad y que bien merece nuestra reflexión.

A mi memoria vienen las palabras, siempre vigentes, de la escritora uruguaya Cristina Maeso que dicen: “ Un barrio es algo más que un conjunto bonito y armonioso de viviendas y jardines. Un barrio es una pequeña escuela de los grandes valores que sostendrán el vigor y la vigencia de nuestra organización democrática, no ya como proclama sino como un estilo de vida”.

Quienes hemos nacido y/ o vivimos en Montserrat, nos ocupamos de nuestro barrio, porque es el lugar donde transcurre nuestra vida y en donde nos constituimos como sujetos, con y por nuestros prójimos, o sea en función de nuestros vecinos. Y además, es el ámbito indicado para interrogarnos por qué
y de qué manera llegamos a integrar el barrio. Si bien las variables son muchas,
el tema es netamente social y resulta ineludible para quienes estamos aquí.

Reflexionemos, y retomando las palabras de Cristina Maeso, sepamos cada uno
de nosotros ser los “maestros de la escuela de valores” y ser los “formadores
de ese estilo de vida”
imprescindible para asumir, recomponer, construir y adecuar NUESTRA IDENTIDAD BARRIAL que es siempre, y particularmente, dinámica.

La vida del barrio está dada por nuestro propio devenir que se hace, deshace
y rehace a cada instante. Precisamente, por estas constantes mutaciones, necesitamos la continuidad con que nos unifica la tradición y la historia. Con
sus secuencias y relatos, nos incluimos en una composición que se caracteriza
por acciones y emociones. Ingresamos a una sorprendente experiencia de dimensiones espacio-temporales que crea realidades, mitos y significados con
los que aprehendemos y comprendemos nuestro entorno. Logramos así,
los valores con los que definimos nuestra humanidad, nos nutrimos, distinguimos nuestra identidad y nos integramos al universo todo.


 
 
 
 
Vistas exteriores del nuevo edificio de la Escuela Fray Cayetano Rodríguez, recientemente inaugurado.
Domicilio: Chile 1670 - fecha de las fotos 12/ 03/ 2005
 
     

ir a editorial actual...

   
EDITORIAL
Montserrat en su ambiente
 












Por la Lic. Rosa Galzerano

Responsable
de la publicación gráfica
aquí Montserrat
y de la presente
página
del barrio.


La prevención y la desaprensión suelen ser temas
muy comentados en nuestro diario vivir.
Cuidados previos que proyectamos, cumplimos u olvidamos,
tanto como conmociones por desatenciones,
que ni siquiera advertimos,
están presentes en nuestros discursos familiares, vecinales y comunales.

Nuestros lugares comunes muestran la consideración
y la desconsideración con que nos tratamos.

Desechar al pavimento callejero pequeñeces tales como papelitos
de toda índole, envoltorios de golosinas, boletos usados,
envases de bebidas o cigarrillos ya consumidos,
son imperceptibles indicios de una desaprensión generalizada.
Pareciera que llamar la atención de quién, sin ningún reparo,
abre la ventanilla de un vehículo y tira cualquier cosa al espacio común
es un exceso de minuciosidad que contribuye al malestar,
cuando en realidad, es una oportunidad para llegar a construir
convivencias armónicas.

La libertad de uno termina donde comienza la libertad del otro
es la más consabida frase que recitamos sin convicción.

Nuestro hijo, esposa, madre, hermano, amigo, perro o gato
que no cumplen con lo que esperamos de ellos,
nos generan desamor porque no se someten a nuestro despotismo innato.
Se nos hace muy difícil comprender que ellas o ellos
también necesitan ejercer su margen de libertad y decidir por sí mismos.

Nuestra libertad nos permite fumar mientras no le echemos humo
al que tenemos al lado y no lo quiere.
Pasear nuestra mascota sin decorar con sus deposiciones
el espacio transitable, supone una exigencia malhumorada de vecinos
con mal genio, antes que una mayúscula desconsideración
propia hacia los demás.

Estacionarnos en los pasillos de entrada o salida
de los transportes colectivos, porque así nos ahorramos
un desplazamiento engorroso hacia el fondo,
es una libertad que nos permitimos a costa de impedirle el acceso
a otros pasajeros que pudieran subir. La comodidad propia se argumenta
con fundamentos insólitos: “Está completo”. “ No hay lugar”,
cuando sí, todavía hay espacio y es posible que alguien más
también pueda ubicarse.

Somos criaturas humanas, déspotas falibles y seres sociables
que no queremos doblegarnos, pero insistimos en doblegar al prójimo.
Detalles mínimos que construyen nuestra madurez
o inmadurez comunitaria, el respeto que le dicen
y que le debemos a las convenciones urbanas.
Merecemos ejercitarlo, a pesar de la antigualla que,
en la actualidad, representa la respetabilidad.

Sin embargo aún hoy, las olas del mar y las catástrofes
saben infundirnos respeto.
Las pequeñeces diarias suman.
¿Por qué no hacer todo cuanto es posible
y está a nuestro alcance, cotidianamente,
para mantener el ambiente conveniente para NUESTRAS vidas?

La prevención es un bien que se construye paulatinamente,
con tiempo, esfuerzo, marchas y contramarchas
que evitarían tragedias inusitadas, sorprendentes,
inexplicables e irreparables al momento de su irrupción.

Creemos que la educación para la alegría y el bienestar
son los instrumentos fundamentales para lograr compartir, en paz,
nuestro lugar común, es decir nuestro ambiente vital.

 
  Navegamos a sabiendas ver ...  
  Nota de Clarín ver....

 
 
volver al inicio de los editoriales
 
     
 
volver a editorial actual...
 
 
ir a: