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EDITORIAL |
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Montserrat en nuestra megalópolis porteña
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Por Violeta Mora
Riveira de Morán
Miembro
de
la Comisión Directiva
de la Asociación de Fomento Montserrat
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Nunca voy a olvidar lo que sentí la primera vez que visité Nueva York. Independientemente, de la fascinación de esa gran ciudad, y salvando las distancias con Buenos Aires, hoy me conmueve reconocer aquí muchas de las vivencias que nos proporcionan las grandes urbes.
Es muy probable que -los inmensos conglomerados humanos- se constituyan en virtud de nuestra intrínseca naturaleza; tendemos a la unión y armonía, aunque nos resulte difícil alcanzarlas. La soledad que se siente en medio del increíble mundo de gente que nos rodea, es algo que percibimos casi siempre. Luego, nos acostumbramos a ese estar en soledad y a
la vez, permanentemente inmersos en una multitud que se mueve alrededor, absolutamente indiferente a todo lo que no sea ocuparse de sí mismo y de sus propias cosas. Se nos olvida la UNIDAD a la que pertenecemos y desatendemos la esencia. Las relaciones entre nosotros se hace conflictiva y levantamos muros, instalamos rejas, protecciones y defensas.
No obstante, todo indica que nuestra ciudad de Buenos Aires continuará con su crecimiento y, en consecuencia, también nuestro barrio Montserrat. La evolución ciudadana está en marcha acelerada, nos plantea un orden inédito y muchos desafíos. Nuestra megaciudad ya es un hecho. Hoy tenemos que afrontar los problemas y encontrar soluciones: el tránsito, el ruido, los servicios y nuestra propia adecuación. La vida en las grandes ciudades es habitar en enormes edificios, modernos y confortables donde no falta nada, no sólo de lo necesario, sino además, los gustos que uno desee proporcionarse y disfrutar. Eso sí, no se sabe quien habita en el departamento de al lado y menos arriba o debajo.
Las ciudades del mundo son así; su conglomerado edilicio, imponente en muchas de ellas sobre todo en las grandes, como Nueva York, París, Dubai, Madrid, Londres o Buenos Aires acentúan esa sensación de dominio que poseen y en tanto que, hasta logran ejercerlo. Son las grandes urbes, representantes de su potencial y de su indiscutible poderío. Así es que vemos que cada vez son más los habitantes congregados en las ciudades a diferencia del resto del mundo, pese a la soledad que ofrecen, porque también son modelo de modernismo, tecnicismo y confortabilidad.
Si por arte de magia una persona en un abrir y cerrar de ojos, pudiera trasladarse de una de las arterias de estas grandes ciudades -donde circulan miles y miles de seres humanos- a cualquier lugar de cualquier campiña, experimentaría algo así como una sensación de choque, entre el mundo del ruido y el del silencio, entre el mundo dominante y el mundo de la paz y la tranquilidad. Es probable que al poco tiempo también sentiría una sensación de alivio que quizá no sepa definir de donde proviene, para finalmente comenzar a gozar de ese nuevo sentir y estar.
Desplazarse sin prisas, escuchando alguna melodía en una pequeña radio portátil sin que nada le impida disfrutar de ese momento, o simplemente escuchando los sonidos de la naturaleza que rodean al ser humano, para finalmente, quizá al despertar en un nuevo día y
disfrutar del sonido del silencio que es maravilloso. Lástima que pocas veces logramos escucharlo, pero todos alguna vez deberíamos tener ese privilegio, no sólo por el placer que significa, sino por nuestra salud mental y física.
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Disfrutar del silencio ver... |
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EDITORIAL

Por Oscar Moreno
Comunicador social
y comerciante
del barrio Montserrat
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El barrio Montserrat ¡VIVE! |
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En el sur -que también existe- el solsticio de junio convoca a renacer. Imperceptible y paulatinamente cada día, la luz del sol nos ilumina por más tiempo. Entonces, por aquí y, según los ciclos de la naturaleza, la noche comienza a decrecer y el día a perdurar. Es así que se nos renuevan las energías, esperanzas, posibilidades y el compromiso con uno mismo es clave.
Más allá de toda la significación histórica que atesora nuestro barrio Montserrat -por lo cual ha sido escenario privilegiado de los festejos del Bicentenario- contamos con un actualísimo circuito comercial que nos permite tener fácil acceso a múltiples rubros. La fisonomía tradicional de Montserrat persiste, pero la dinámica del intercambio se activa con formas, colores y contenidos de locales nuevos que se instalan, se trasladan o cierran. La vida transcurre por estas calles, veredas e interiores. Existen y están a nuestra disposición desde oficinas jurídico-comerciales
hasta las más variadas marcas automotrices; bares y restaurantes para todos los gustos, en donde se visten las noches con la peculiaridad de las colectividades.
En este momento, Montserrat es elegido por inversores inmobiliarios. Las casas, casitas y casonas se refaccionan y hasta se emprenden diversos proyectos edilicios, algunos de los cuales ya están próximos a ser inaugurados. Además, podemos decir que desde su identidad, que lo hace particularmente solidario, es uno de los barrios de la ciudad que no es cruel con quien va de a pie y elige caminar. El afecto y la curiosidad nos llevan a recorrer sus espacios mínimos o extendidos con sorprendido espíritu investigador.
Nuestro entusiasmo por el barrio parece ser bastante compartido, hay muchos recursos que se movilizan, aunque creo que también es posible acrecentarlos. Con las fuerzas renovadas tratemos de rendir más, desde nuestras tareas cotidianas, para hacer un mayor aporte, el mismo que redundará en el propio beneficio. Intentar mejorar la calidad de vida es un compromiso que nos corresponde a todos y cada uno de nosotros.
Con este nuevo renacer de la naturaleza -con el que se inicia este nuevo ciclo- demos también comienzo a un futuro mejor y tratemos de hacer realidad ese mañana anhelado por tantos sueños. Lograr realizarlos es sólo cuestión de decisión convincente, no hace falta creerse un hidalgo, ser un genio o un conquistador. Nada más que comprometerse con lo que cada uno hace, con lo que cada cual puede. Es lo único imprescindible.
SOMOS y HACEMOS el lugar que habitamos. ¿Qué tal si cada uno de nosotros hiciera lo mejor que puede, sin alardear por ello?. Simplemente con esto sería más que suficiente. ¡Buen día! ¡Buen trabajo! ¡Buenos tiempos! ¡Buen vivir!
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EDITORIAL |
Montserrat celebra |
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Por Rosa Galzerano
Responsable de
la publicación gráfica
Aquí Montserrat
y de la presente
página del Barrio
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Desde el barrio y con el barrio
Montserrat, celebramos el inicio de este nuevo año
de trabajo, en unión y libertad.
El bicentenario que ahora cumple Argentina, nos encuentra juntos -que no es poco- en el empeño de una tarea común para producir y activar energías para un futuro todavía mejor.
Integrantes de esta comunidad barrial de la ciudad de Buenos Aires, disfrutamos y padecemos los beneficios y perjuicios de nuestra mega-ciudad.
Conjuntamente, con quienes nos acompañan en este esfuerzo editorial a pulmón, establecemos contactos, observamos, difundimos y afianzamos vínculos. En síntesis, tratamos de hacer un aporte a esta peculiar e inasible construcción de nuestra comunidad ciudadana. Nos presentamos como un emprendimiento de difusión que enhebra voluntades; pedimos espacios y se nos dan, logramos incluirnos y continuar en una tarea interminable, sin final a la vista, ya que cuanto más trabajamos, más nos insertamos, sumamos, nos integramos y acrecentamos.
Nuestras ediciones son creaciones que emergen del colectivo barrial y le pertenecen, aunque el mismo NO nos pertenece. Constituimos sólo una parte de la totalidad de las peculiaridades del barrio que dependen de inumerables factores, y que hasta tienen que ver con el humor, el entusiasmo o el desencanto de sus habitantes. Los lugares físicos suelen reflejar las íntimas vivencias de quienes lo transitamos a diario. El espacio público común habla de nuestro ánimo y nuestras relaciones. Las formas del buen o el mal trato que nos dedicamos están a la vista, y será responsabilidad de todos adecuarlas a los parámetros que anhelamos.
La celebración a la que alude el título del presente editorial, tiene que ver con la visualización compartida de nuestra realidad diaria e histórica. Ya hemos identificado a un número significativo de agrupaciones que desde el arte, el comercio, la ciencia, lo social, lo educativo, lo oficial y lo informal trabajan en la reflexión, elaboración
y producción de beneficios para nuestra comunidad barrial. Es muy bueno vernos, conocernos, contactar y aportar al bien común. Hay mucho trabajo por hacer y ya están puestas las manos a la obra sobre lo mínimo, lo ínfimo e incipiente necesario.
A veces, todavía nos dejamos llevar por la impaciencia
y asoma el desaliento, pero la continuidad del trabajo barrial en Montserrat ya está asegurada. Somos muchísimos más que dos quienes le prestamos atención y nos encontramos con muy buena disposición para hacer de MONTSERRAT el barrio de BUENOS AIRES que queremos.
En virtud de este halagüeño pronóstico, desde aquí reduciremos la redacción de estos editoriales para concentrar nuestros esfuerzos a las demás secciones de
AQUÍ MONTSERRAT. En el año del BICENTENARIO es muy probable que nos limitemos
con este único texto ya que, seguramente, se manifestarán muchas otras vertientes dedicadas a proporcionarle letra al barrio. ¡¡¡Celebramos!!!
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Regalos para Buenos Aires...ver nota de Clarin... |
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