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LA AVENIDA BELGRANO
   

 
por Juanita Caballero
 

   
 

Corre de Este a Oeste.
Antiguamente fue conocida como calle Santo Domingo (l738), por ser la que pasaba por delante de la iglesia de ese nombre y la de Montserrat.
Al efectuarse la primera división parroquial (1769) se mantuvo el nombre del martirologio cristiano, yendo desde Rivadavia hacia el Sur.
En el plano de Boneo (1780–1800) figuraba como calle que se acababa
de empedrar junto con las de Moreno y Alsina, desde Bolívar a Chacabuco.
Con motivo de las Invasiones Inglesas recibió la designación de Pirán (1808),
en homenaje a don Antonio Pirán, que fue regidor de Buenos Aires
y de lucida actuación en esa oportunidad.
Luego cuando Rivadavia determinó su apertura con un ancho
de 30 varas fue bautizada el 7 de agosto de 1821,
con el nombre de Belgrano por hallarse situada en ella,
la casa paterna donde nació y murió el creador de la bandera.
Fue Belgrano al Este hasta desembocar en la de Buen Orden,
y de ésta para adelante, al Oeste, se denominó Montserrat, en 1845,
lo que fue ratificado por el decreto dado por Rosas en 1848.
Volvió a su designación anterior en 1857, después del establecimiento
de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.
Nace en Av. Ing. Huergo 399 y desde Castro Barros 299
se angosta terminando en Muñiz 200, como calle.


BELGRANO: Jurisconsulto y militar. Nació en Buenos Aires, el 3 de junio de 1770.
Estudió en el Colegio de San Carlos y luego en España, graduándose abogado
en Valladolid. Regresó al año siguiente, en el cargo de Secretario del Real Consulado.
En 1806, fue Capitán de Milicias Urbanas con motivo de la primera Invasión Inglesa.
En la referida intervención como Sargento Mayor de Patricios,
estuvo adscripto en la Defensa de Buenos en 1807. El Virrey Cisneros le encargó
la publicación de un periódico titulado “Correo de Comercio”,
desde donde continuó su prédica. Figura central de la Revolución de Mayo,
fue secretario de la Primera Junta y se improvisó General cuando las hostilidades
del Paraguay determinó el envío de una expedición al Norte bajo su comando (1810).
A su paso, efectuó el trazado definitivo de los pueblos de Curuzú–Cuatiá y Mandisoví.
Su ejército tomó Campichuelo, pero fue derrotado en Paraguari y Tacuarí.
A pesar del fracaso militar, sus conversaciones con el jefe paraguayo Manuel Cabañas
lograron provocar posteriormente la revolución en el Paraguay. Mandó la primera parte
de la expedición a la Banda Oriental, pero los cambios políticos en la Junta
lo obligaron a entregar el mando a José Rondeau.
En 1811 el Triunvirato lo designó Jefe del Regimiento de Patricios,
pasó a Rosario en 1812, y sobre el Paraná instaló las baterías
“Libertad” e “Independencia”. El 13 de febrero ofició al gobierno sustituir
la divisa roja relista, por una escarapela blanca y celeste.
El 27, enarboló frente a las tropas la bandera de su creación, con esos colores.
Nuevamente lo hizo en Jujuy, el 25 de mayo, cuando ya era jefe del Ejército del Norte.
Ante la invasión de Tristán, ordenó la retirada en masa en aquellas jornadas patrióticas
del Éxodo Jujeño del 23 de agosto. Después triunfó en Las Piedras,
y siguió la retirada rumbo a Córdoba, como le habían ordenado.
Pero llegado a Tucumán, resolvió sostenerse derrotando a las fuerzas de Tristán,
en número y armamento superior, en el Campo de las Carreras,
el 24 de septiembre de 1812, poniendo sus tropas bajo la protección
de la Virgen de las Mercedes, a la que entregó su bastón de general.
Derrotó definitivamente a Tristán en Castañares el 20 de febrero de 1813.
La Asamblea General Constituyente decretó honores a los vencedores
y a su jefe una donación de $ 40.000 pesos que destinó
para fundar escuelas en Tucumán y otras provincias.
Abrió campaña sobre el Alto Perú, pero fue derrotado en Vilcapugio y Ayohuma;
en retirada entregó el mando a San Martín (1814). Fue luego comisionado
a Europa con Rivadavia. En 1816, volvió a mandar el Ejército del Norte,
y en 1819 se hizo cargo de Operaciones en Santa Fe.
Ya enfermo delegó el mando y regresó a Tucumán haciendo crisis su mal.
Penosamente después de haberse detenido en Córdoba
pudo llegar a Buenos Aires afines de marzo de 1820.
En su vieja casona de la calle Pirán falleció el 20 de junio de ese año,
a las 7 de la mañana. Se le sepultó en el atrio de la iglesia y convento
de Santo Domingo. Una losa de mármol cubrió la fosa ostentando
una simple leyenda:
“Aquí yace el general Belgrano”.

(Extraído de “Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres”
de Vicente Osvaldo Cutolo–2da. Edición–Tomo II)

 
 
   
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