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¨¿Qué
es Monserrat? ¿Qué es ese barrio viejo de Buenos Aires del que ahora soy
vecino?
Es, ante todo, una memoria de las cosas que fueron. Al promediar el siglo
XVIII, era un vago arrabal. Podemos pensar en alguna chacra, en torpes
callejones de tierra, quizá en alguna quinta. La variedad de flores era
menor, pero cabe esperar que no faltarían la madreselva, la retama, la
rosa, los jazmines y las violetas. El Norte y el Sur no separaban entonces
a Buenos Aires; el eje era la Plaza Mayor y la creciente población iba
abriéndose en arcos, tantos más solitarios y pobres cuanto más alejados.
Para decirlo con alguna pompa, la aurora y el poniente nos regían y no
la calle Rivadavia.
El puntual historiador de la zona, Francisco L. Romay, acaba de informarme
que la parroquia de Monserrat data del 3 de octubre de 1769. Treinta años
después, funciona en el antiguo Hueco de Monserrat la Plaza de Toros,
que llegó a congregar, algún domingo, más de dos mil espectadores.
Las instalaciones eran precarias; antes de la lidia, los animales solían
salvar la valla de los corrales y perseguir a los vecinos; muertos y abandonados
a los cuervos, el hedor apestaba.
Hacia 1800, el espectáculo se llevó a un barrio más lejano: el Retiro.
He sabido que en 1816 tomamos la decisión de dejar de ser españoles y
de ser esa cosa nueva, argentinos. La corrida era específicamente hispánica
y acabó como era de prever, por ser abolida.
Lo mismo, en los Estados Unidos, ha acontecido con el uso del té, juzgado
y condenado por británico. A las parroquias de la Concepción y de Monserrat
se les dio, en aquel entonces, el nombre de
Barrio del Tambor. Ese instrumento resonaba, ensordecedor y monótono,
en los candombes de los
negros. De la Concepción y de Monserrat salió el famoso Regimiento 6,
de Pardos y Morenos, eufemismo administrativo que sorteaba los riesgos
de las palabras ¨negro¨ y mulato¨. Ese regimiento se distinguió en la
carga de Cerrito, en Montevideo, victoria que los biógrafos de Soler atribuyen
a Soler, y los biógrafos de Rondeau, a Rondeau. Del Regimiento 6 diría
el poeta Hilario Ascasubi,
¨más bravo que gallo inglés¨, aludiendo a una especie acreditada. Monserrat,
como tantas otras parroquias de Buenos Aires, tiende a perder sus rasgos
diferenciales y a confundirse con el centro, pero en la memoria común
perdura este alarde de sus antiguos compadritos:
Soy
del barrio´e Monserrá donde relumbra el acero;
lo que digo con el pico, lo sostengo con el cuero.
Voy
a concluir con una anécdota, en la que relumbra el acero. Hará diez años,
en la esquina de Bolívar y Venezuela, un muchacho injurió a un desconocido
y lo mató de una puñalada.
Serían las 8 de la mañana; antes de las nueve, el comisario fue a un conventillo
de la calle Chile y arrestó al malhechor. Nadie lo había delatado, pero
la policía no ignoraba que era
el último pendenciero del Sur que todavía usaba cuchillo. El culto de
la tradición tiene sus peligros.
Jorge
Luis Borges
Copia del
texto publicado por el Semanario La Comuna de Congreso N° 4
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