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Palabras de Rosa Galzerano en el homenaje a Oscar Capristo
- iniciativa de la Junta de Estudios Históricos de Montserrat -
el día lunes 17 de septiembre de 2001


Buenas tardes. Les damos la bienvenida y les agradecemos la presencia.
Hoy, todos nosotros tenemos el privilegio de encontrarnos
en el Oratorio de las Hermanas Clarisas.
Lugar donde se congregaban, en comunión espiritual, religiosas en clausura;
un histórico recinto de oración, al que accedemos
gracias a la gentil participación del Hotel InterContinental.

Y venimos por la obra de un vecino de Montserrat: OSCAR CAPRISTO,
un artista genuino que con su oficio amalgama el cuerpo y el alma.
Un creador que con su sudor transita espacios concretos e intangibles, y
materializa su inspiración en ilustraciones, cuadros, murales, escenografías…
Lo sabemos talentoso y trabajador infatigable para realizar sus obras,
supervisar exposiciones, asesorar y ejercer la docencia.

Desde su infancia, se evidenció su ser artista.
Proviene de una familia de músicos y de niño,
fue también, un pequeño intérprete de música, aunque siempre
se destacó por sus condiciones de dibujante y pintor.
Sus diseños otorgaban lucimiento a las efemérides escolares,
eran la nota de color en el pizarrón de la escuela primaria.
Al avanzar en sus estudios superiores,
también fue notable para sus maestros.
Con Marcos Tiglio, adquirió la técnica del dibujo,
mereció la Beca Santamarina y Emilio Pettoruti se trasladó
al domicilio de su discípulo para procurarle
una sólida formación de pintor. Todos coincidían,
el joven CAPRISTO tenía dones que había que cultivar.
Fue una muy buena visión y decisión conjunta.

Aquel discípulo creció, se transformó y hoy es
tan generoso como lo fueron con él sus propios maestros.
Capristo, desde su taller alienta a quienes aspiran
a dialogar con la luz y la sombra, con la línea y las formas.
En una trayectoria brillante Capristo
pasó de la Universidad Popular de la Boca a exposiciones
y colecciones de todo el país, y de innumerables ciudades del mundo.
Sólo mencionaremos algunas:
Madrid, México, Nueva York, Río de Janeiro, Santiago de Chile,
Tokio, sin olvidarnos que en la Central Atómica de Atucha,
realizó uno de sus más grandes murales.
Allí, en veintiocho metros cuadrados de cerámica, plasmó su arte.

No obstante, sus valores van más allá de la creación
y la técnica pictórica. En su quehacer está la impronta de la FUERZA
que se nutre de paciencia, sencillez, templanza, fe y fervor.
Su genio se inviste de estos atributos y hace que yo
me encuentre en estas circunstancias. Vaya mi agradecimiento
por la deferencia con que me agasaja, ya que es un halago
y un honor para mí, estar en este lugar,
con esta audiencia y frente a la grata tarea de presentar
a un maestro de la pintura argentina como es OSCAR CAPRISTO.

Pero, mi versión sólo puede ser personal y anecdótica.
Mi nombre es Rosa Galzerano y soy vecina de Oscar Capristo,
aquí en Montserrat.

Al margen de estos datos particulares,
la elección se decide porque el nombre de Oscar Capristo
me trae reminiscencias de mi escuela secundaria.
Una escuela secundaria normal y común,
sin especializaciones en artes.
Soy una de sus primeras alumnas, representante
de los tiempos en que Capristo se iniciaba en la docencia.
Me veo adolescente y conmocionada por tener entre mis profesores
a un auténtico artista, riguroso y sensible a la perfección.
En el colegio, la clase íntegra se sublevaba ante un profesor de dibujo
que nos daba nociones de perspectiva,
nos explicaba la escala cromática y
pretendía que hiciéramos trabajos de acuerdo a esos lineamientos.
Ignoro, el nombre de mis profesores o profesoras de dibujo,
en cursos anteriores o posteriores al suyo.
En esta asignatura, nunca tuvimos profesores que impactaran
de tal forma en nuestras emociones, o que
nos convocaran de igual manera con sus convicciones.
En homenaje a esos recuerdos, me atrevo a parafrasear
esta popular estrofa de tango:

No habrá ninguno igual, no habrá ninguno
ninguno con su saber, ni con su color…

su calidez y su calidad, su entusiasmo
por hacer, expresarse y enseñar.


Las letras de tangos han insistido en adherirse a mis recuerdos,
quizá porque la música y el canto, además, vinieron con él.
Nelly, su esposa, también fue
nuestra profesora de música en la misma escuela.

Y, para concluir, hasta puedo animarme a decir que de chiquilina
lo miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan…

Sin embargo, es y era una persona alcanzable.
Y aquí estamos, en nuestro muy bienaventurado momento.

Quienes no lo conocen, lo apreciarán por la forma en que,
por sí mismo, se referirá a su experiencia, observaciones
y estudios, a su trabajo, a su vida.
Para quienes lo conocemos será una nueva oportunidad
para un renovado deleite. Estamos acostumbrados
a la elocuencia de sus obras, a sus expresiones plásticas,
pero hoy nos llegarán con el agregado de su voz y su palabra.
Con nosotros: OSCAR CAPRISTO.


¨Abrazo¨ / Capristo (1921-2006)

 

 

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