| Presencia
de René Favaloro
En 1979 Favaloro escribió: “Habrá
que comprender que el hombre forma parte de una sociedad a la
cual debe entregarse para mejorarla. Se ha terminado la etapa
individualista”.
El doctor René G. Favaloro es el único médico
argentino que figura en un trabajo de la historia de la medicina
de los Estados Unidos entre los que más contribuyeron al
desarrollo de la medicina moderna desde la II Guerra Mundial.
Fue además el creador del by-pass y candidato al Premio
Nobel de Medicina. El año pasado, en una reunión
médica realizada en Boca Ratón, Estados Unidos,
había sido seleccionado entre las “Leyendas del Milenio”:
las cinco personalidades más importantes en la historia
de la cirugía cardiovascular.
Viajé por lo más profundo de mí. Lo hice
acompañado por dos seres nobles, por dos amigos: el doctor
Mariano Favaloro –primo de René– y Abram Moszenberg
–amigo de toda su vida. Veíamos la pampa, sentíamos
el frío, el viento, la desolación. A medida que
recorríamos ese camino mítico en una fecha tan especial,
advertía en mí que vibraba un mundo desconocido,
un sentir agónico. Llegaban a mí imágenes,
recuerdos, evocaciones.
Mientras observaba las extensiones inimaginables de un campo con
poco ganado y menos sembradío, recordaba las veces que
me mostraba fotografías de la Cleveland Clinic o me hablaba
del profesor Mainetti o de los doctores Finocchietto. Juntos admirábamos
a Alfredo Zitarrosa. Con él hablábamos de Thoreau,
de Martínez Estrada y de Hudson. De San Martín y
del General Paz.
Pudo haber sido Ministro de Salud de la Nación, rector
de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Intendente de la Ciudad
de Buenos Aires, Senador Nacional, Gobernador de la Provincia
de Buenos Aires o Vicepresidente de la Nación. Le angustiaban
los problemas de la salud, la injusticia social, el hambre, el
tráfico de drogas, la comercialización de la medicina.
Cuando hice uso de la palabra, entre otras cosas recordé
nuestra fraternal amistad. “Hoy nos damos cuenta de que
el país le quedó chico al doctor, es mucho más
que todos nosotros, que funcionarios, políticos, demagogos,
corruptos, hipócritas...”
Jacinto Aráuz es el lugar donde trabajó con su querido
hermano Juan José. Donde Tony, su esposa, su compañera
de toda la vida, lo ayudó con tesón y amor. La clínica
sigue funcionando con el esfuerzo de la comunidad y de su médico
actual, que heredó el sacrificio sin límites.
Favaloro, junto a los más progresistas del pueblo, impulsó
el alumbrado, la educación, los actos culturales y el agua
potable. Fue uno de los fundadores de la Cooperativa Popular de
Servicios y Obras Públicas.
Siempre quiso que se lo recordara como maestro, como docente.
Con tristeza evoco su escritorio, su mano derecha, su índice.
Me señala fotografías de Mason Sones, George Crile,
Donald Effler, William Proudfit. Y lo escucho una vez más
contarme aquella inolvidable operación de by-pass que realizó
en mayo de 1967 en la sala 17 de la Cleveland Clinic.
Ahora, al lado de su monumento, cerca de los caldenes también
hay un jacarandá con tierra del bosque platense. Acudió
todo el pueblo a evocar al médico rural. Y gente de los
pueblos vecinos. Con Eduardo Ferma nos despedimos con un abrazo
cargado de congoja y dolor. El regreso fue otro. No era la misma
persona la que regresaba.
Lo conocí en 1978 con motivo de la publicación de
mi libro Conversaciones con Luis Franco. A partir de ese momento
iniciamos una amistad fraternal, para siempre. Lo admiré
y lo admiro. Al mes de su suicidio renuncié a mi trabajo
sin tener tarea sustitutiva. Le manifesté en carta documento
a quien tomó la dirección del Instituto: “Es
probable que usted entienda que los principios están por
encima de las conveniencias”. Renuncié en homenaje
a mi recuerdo de él y en homenaje a mi propia conciencia.
El doctor René Favaloro hubiera cumplido este 12 de julio
setenta y ocho años. Estaría como uno de los pocos
referentes morales de una sociedad corrupta y decadente. Dejó
escrito un libro inédito. Reunía tres conferencias
internacionales. Lo ayudé hasta último momento en
este proyecto. Sería de verdadera trascendencia su publicación.
Ignoro el motivo por el cual aún no se ha publicado pues
tramité con una editorial importante su comercialización.
El prólogo, de una página y media, estaba terminado.
En 1997 había dicho: “La crisis en el sistema de
salud es un problema serio que irá empeorando si no se
toman medidas en el corto plazo. Los índices de mortalidad
infantil, pobreza y bajo nivel educativo reflejan que el país
ha retrocedido en estos temas claves”.
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