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Las propuestas oficiales sitúan a los trabajos sobre la cuenca del
arroyo Maldonado como las solución definitiva al problema de las
inundaciones. Pero, con obras en ejecución u otras proyectadas y
parte de la Ciudad bajo el agua, reaparecen las posturas críticas
y los proyectos alternativos.
"La lluvia del jueves dejó en evidencia que los sistemas de evacuación siguen colapsados y se nota una falta de mantenimiento en los sumideros", sostuvo Adolfo Guitelman, docente de Hidráulica de la UBA. Además, "los trabajos que se hicieron ya empiezan a demostrar que no alcanzan o están equivocados", afirmó el ingeniero Moisés Resnick Brenner, autor del proyecto que propone una aeroisla en el Río de La Plata y una pileta de contención para prevenir desbordes. Junto al ingeniero Esteban Guaia y el arquitecto Mario Roberto Alvarez, Brenner remarca en el plan que el "programa oficial mantiene la salida del caño maestro de desagüe al río por debajo de la pista de Aeroparque". Esto hace que, en días de fuertes tormentas o sudestada, el caño quede bajo el nivel del río, la presión revierta el proceso y el agua vuelva a la Ciudad. Por eso, "la solución es sacar la pista a 150 metros de la costa y crear una gran pileta de contención que se mantenga casi vacía a través de compuertas, esperando el desagüe de las lluvias", según Guaia. La pista-escollera representa una nueva versión de la idea de Alvaro Alsogaray, que propuso en 1993 trasladar todo Aeroparque a una aeroisla.
Otro proyecto que volvió a cobrar fuerza es el Complejo Lago Pacífico, para convertir los terrenos de las ex bodegas Giol en un paseo verde con un gran lago que regule las inundaciones. La solución planteada por el arquitecto Adolfo Rossi e impulsada por las asociaciones vecinales de Palermo, "actuaría como un reservorio a cielo abierto, capaz de evitar que se inunden diversos puntos cercanos a la avenida Juan B. Justo", afirmó Rossi. La iniciativa fue proyecto de ley en el 2004 y volverá a la Comisión de Planeamiento Urbano de la Legislatura en la próxima reunión, impulsada por los diputados del PRO.
Sin embargo, hay miradas que abren más interrogantes sobre la solución definitiva del problema. Para el urbanista Juan Manuel Borthagaray, "la ciudad fue edificada sobre una región baja e inundable con poca capacidad de evacuación natural, por eso para prevenir inundaciones se necesita de una infraestructura que está lejos de completarse". Y Juan Carlos Giménez, del Centro Argentino de Ingenieros, advirtió que "tormentas extremas como la del jueves entran en el margen de error de cualquier sistema de desagüe por más eficiente que sea y esto se agrava con la condición geográfica de Buenos Aires".
Ante este panorama, "todas las posiciones son más o menos buenas porque lo importante no es tanto el debate sino que las obras se terminen", sintetizó Guitelman.
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La frecuencia
de las tormentas
Tanto
en Buenos Aires como en todo el mundo, las lluvias intensas son cada vez
más frecuentes debido al cambio climático. "Esto se debe
al calentamiento global —afirma el doctor en Meteorología Vicente
Barros—. Si el aire está más caliente puede retener
más gas, que es una de las fuentes de la energía de las tormentas".
El calentamiento
global se debe al efecto invernadero. Los gases de la atmósfera retienen
parte del calor del sol, permitiendo que en la Tierra haya una temperatura
apta para la vida. El problema es que el hombre emite gases que se suman
a los de la atmósfera, provocando que ésta retenga más
calor. "Las condiciones climáticas no son las de hace 20 años
—advierte Barros—. Y muchas de las obras pluviales se hacen
con consultorías extranjeras que se basan en estadísticas
viejas y no tienen idea del cambio climático que hubo en la Ciudad".