![]() | ![]() |

COLOR Y ENERGIA.
LUIS FELIPE NOE, EN SU CASA
DEL BARRIO DE MONSERRAT, DISPUESTO A SEGUIR PINTANDO
Y DEBATIENDO TRAS DECADAS DE CREACION.
MARIA EUGENIA CERRUTTI
Dicen que en el dorso de las manos se refleja la vejez. Si esto es cierto, Luis Felipe Noé es un pibe. Manos estilizadas, limpias, dignas del Greco. Pero no sólo las manos: memoria prodigiosa, vitalidad, proyectos, ganas de vivir plenamente. Desde esta semana, celebra sus primeros 10 años con la Galería Rubbers, que a su vez cumple 50 años. Allí, en la Avenida Alvear 1595, se pueden ver sus pinturas que expuso desde 1997 hasta hoy. "Cuando Noé dejó de tener exclusiva con otra galería, me preguntaba por qué no estaba en Rubbers. Es así como organizamos la primera exposición juntos en 1997; después llegó la segunda, y así sucesivamente", escribe Natalio Jorge Povaché en el breve prólogo del catálogo.
"Tengo el orgullo de exponer desde hace diez años en la Galería Rubbers. Curiosamente, esto se cumple cuando ella, a su vez, festeja su medio siglo, y yo celebro lo mismo en tanto existencia pública como artista: hace cincuenta años que expuse por primera vez un cuadro. Fue en el Salón Nacional. También en ese 1957, se publicaron en la revista El Hogar dibujos míos que los hice durante mi viaje de luna de miel a Humahuaca (otro aniversario en consecuencia)", recuerda el artista en otro prólogo.
En su maravillosa casa de Monserrat, que perteneció a la familia del magnate de la marina mercante Alberto Dodero, el siempre tan expresivo Noé recibió a Clarín un mediodía cálido de principios de noviembre. Rodeado de pinturas y de fotografías de otros tiempos, con una sonrisa a flor de labios, este artista plástico de 74 años rememoró sus inicios en el periodismo, allá por 1955 en el ya desaparecido matutino "El Mundo". Fue crítico de arte, claro, aunque después trabajó en Informacion General. "Mi primera exposición la hice en 1959, mientras seguía en la redacción del periódico. Pero en el 61 obtuve una beca y me fui a París. Ese año hice la serie Federal, que la vendí toda durante la exposición. Pero les decía a mis amigos: Hay algo que no puede ser, yo soy un artista de vanguardia, y sin embargo con esta pintura no revelo nada, es como si hiciera bombones. Entonces mi pintura empezó a ponerse más dura, y empecé a vender cada vez menos. No vendía, pero los vanguardistas me aplaudían. Económicamente me salvaron las becas: en el 63, gané el Premio Di Tella, y entonces me fui a Estados Unidos. Regresé en el 65, y tuve la suerte de sacar dos veces la beca Guggenheim. En ese tiempo se podía sacar dos veces esa beca. Estuve en Estados Unidos hasta el 68. Mientras tanto, mi pintura se puso cada vez más difícil: llegué a realizar obras que se contraponían, siluetas que salían para afuera, bastidores a veces vacíos, o que se entrecruzaban con otros cuadros. Era cuando yo hablaba de que había que asumir el caos. Eran instalaciones muy complejas, que no se vendían para nada. Entonces entré en crisis. Deje de hacer eso. Hay que desensillar hasta que aclare, me dije".
Noé retornó a la pintura en 1975, pero apenas se produjo el golpe militar decidió irse de la Argentina. Vivió en París, y empezó a pintar con ahínco. Si bien regresó definitivamente a Buenos Aires en 1987, ya a fines de los setenta montó exposiciones en el Río de la Plata; y también daba algunas clases de pintura.
¿Y va a seguir pintando hasta los 100 años? "Hasta que venga la parca..." ¿Le tiene miedo? "No, no le tengo miedo, más bien le tengo curiosidad. Me pregunto: qué es ese viaje". Y sonríe casi beatíficamente. Sus manos acarician una pintura que parece querer responder a esa pregunta.