LA PLAZA, REPLETA. MILES DE PERSONAS, POR LA TARDE,
DISFRUTARON DESDE LA PLAZA EL CONCIERTO DE CAMPANAS.

Por:
Nora Sánchez
Las mismas campanas que tantas veces anunciaron fiestas, casamientos, fechas patrias y duelos, ayer se coordinaron en un concierto fantasmal. Más que música se escucharon sensaciones. Hubo truenos de metal, pero también caricias apenas audibles. Y un final con la percusión explosiva de los fuegos artificiales. Esa combinación convocó a una multitud que colmó la Plaza de Mayo y sus alrededores.
La iniciativa del concierto de fue del Ministerio de Cultura porteño. Hace días que 50 actores y músicos, la mayoría vinculados al rock y la música electrónica y electroacústica, venían ensayando con ollas. Entre ellos, el compositor Christian Basso, a quien se le encargó tocar el carillón de la Legislatura. Ayer a la tarde todos se encontraron una vez más en la Casa de la Cultura. Allí escucharon las instrucciones de Llorenc Barber, el compositor valenciano que creó la obra "Será Buenos Aires" especialmente para la Ciudad. Y finalmente, partieron protegidos por cascos y arneses hacia 53 campanas distribuidas en nueve campanarios históricos (ver Edificios...).
Barber prefirió chequear todo desde la calle. En 1998, él mismo ofreció el primer concierto de campanas en la Ciudad. "La partitura de ahora es la misma, con modificaciones, porque Buenos Aires cambió en diez años -contó ayer-. Al carillón de la Legislatura, con sus 30 campanas, le hicieron una restauración poco feliz. Hoy lo voy a aprovechar como una espina dorsal para enganchar las otras campanas. Será un gran canon de nueve bocas".
A las 20.40 se esucharon tres bombas de estruendo. Esa fue la señal y un director ubicado en cada campanario empezó a darles instrucciones a los músicos. "La partitura está hecha en base a una línea de tiempo -explicó Ciro Cavalotti, productor general del concierto-. Indica qué golpes se deben efectuar en determinados momentos. No es una melodía: es una obra contemporánea".
El público dispuso de 56 manzanas cortadas al tránsito para escuchar las campanadas. Algunos caminaron en silencio y otros eligieron un punto, como la Plaza de Mayo, donde se armó una platea informal en las escalinatas de la Catedral. Allí estaba la familia Martínez, de Avellaneda. Juan Carlos y Marisa, con sus cuatro chicos, contaron: "Vinimos por las campanas, pero también para los fuegos artificiales". Cerca del Cabildo, Norma Coccia, de La Paternal, explicó: "Este lugar es abierto, se escucha mejor".
Sonidos de diferentes texturas colmaron el espacio, por momentos, las campanas dialogaron. Y hasta hubo un solo de la sirena del diario La Prensa, que solía sonar ante grandes acontecimientos mundiales, como la llegada del hombre a la luna. Al final de casi una hora, bombas de estruendo y una lluvia de fuegos artificiales hicieron las delicias de la gente.
Edificios con gran historia
Los edificios de los campanarios que ayer tocaron un concierto único tienen su historia. Construida entre 1686 y 1722, la iglesia de San Ignacio de Loyola es la más antigua de la ciudad. En 1807, sirvió como bastión de defensa en la segunda invasión inglesa. Un año antes colocaron las campanas de la iglesia de San Juan Bautista, que fueron traídas de Francia. También sonaron las cinco vigorosas campanas del convento de San Francisco, inaugurado en 1754, y las de su capilla San Roque. Las del Cabildo, que en 1810 convocaron a los patriotas en la Semana de Mayo, ayer aportaron su fuerza. La Legislatura hizo sonar su reloj y su carillón, que con 30 campanas alemanas es el más grande de Latinoamérica. Las campanas del Palacio Municipal también repicaron. Y la sirena del edificio del diario La Prensa, hoy Palacio de la Cultura, que ejecutó un solo.